EL SINDROME SIERRA GORDA
El Mercurio de Antofagasta
21 de Junio de 2009
Marcos Simunovic Petricio
Resulta lamentable ver como uno de los ejercicios fundamentales de nuestra democracia, esto es la elección de autoridades, se vea empañado por la falta de pro actividad de los representantes del ejecutivo, servicio electoral, parlamentarios y ministerio público, todos ellos responsables de garantizar, vía normas, fiscalización y/o judicialización, que estos procesos sean plenamente legitimados ante la ciudadanía. Una vez mas el caso de la elección de Alcalde y Concejales de la Comuna de Sierra Gorda deja en evidencia lo anterior.
¿Como es posible que se haya llamado a elecciones cuando el proceso de depuración del padrón electoral de esa comuna estaba en pleno trámite, requisito esencial previamente estipulado por los tribunales electorales? ¿Quién recomendó que las elecciones se realizaran el domingo pasado? ¿Quién apoyo a los genuinos habitantes de la comuna para llevar adelante el necesario y costoso proceso de denuncias para eliminar del padrón electoral aquellas inscripciones fraudulentas? ¿Por qué el ministerio público ha demorado tanto en iniciar acciones para sancionar ejemplarmente a aquellos que fueron participes de la creación de un padrón electoral corrompido?
Son todas preguntas cuyas posibles respuestas nos hacen ver que la necesidad de elevar la calidad de nuestra institucionalidad y liderazgos es imprescindible. Estamos en riesgo que una vez más se anule el proceso electoral de Sierra Gorda como si la democracia, en especial de las comunidades pequeñas, fuera un mero instrumento de intereses ajenos a la gente.
Por otra parte también resulta incomprensible que quienes hoy cuestionan las elecciones del pasado domingo por considerar que hubo acarreo, es decir que había gente mal inscrita por declarar domicilios falsos en el momento de su inscripción, ninguna denuncia pusieron en el juzgado de garantía en los últimos siete meses para depurar el padrón. Bien sabemos que ese era el camino para lograrlo. También resulta incomprensible que quienes defendieron a ultranza el proceso eleccionario anulado del año pasado, hoy aparecen invocando casi las mismas causales de nulidad que hace poco desconocieron.
El síndrome maquiavélico de que el fin justifica los medios, llega a límites que hacen de la praxis política una conducta repudiada por la gran mayoría de los chilenos.
El cambio de esa praxis es el gran desafío que tenemos por delante, aunque nos digan ingenuos. Como también nos queda por delante la tarea de comprender porque la municipalidad de Sierra Gorda ha sido tan atractiva para poner en acción dicha praxis.
domingo, 21 de junio de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)